Desde pocos minutos después de nacer te aferraste a ella, fue mágico. Recuerdo como me sorprendí de que fueras tan hábil, de que te agarraras con tanta fuerza. Hoy lo pienso y doy gracias a la vida por lo fácil que me lo pusiste, porque soy consciente que de ese momento mágico ha dependido gran parte de lo que ha sido nuestra vida desde entonces.


La arrolladora fuerza de la naturaleza nos envolvió a los dos y nos sumió en un mundo diferente, en una dimensión íntima y animal, un mundo que al principio recuerdo como una borrachera de amor incontrolable. Todo esta borroso esos días en mis recuerdos, días de encierro en nuestra habitación, días de mirarte sin parar, de olerte y besarte miles de veces. Días de no querer ver a nadie. Días en los en buscaba el silencio y la paz, para poder estar contigo conectada completamente. Días de locura, de la locura más incontrolable y preciosa que he vivido nunca.


Recuerdo que cuando te prendías al pecho todo tu cuerpecito se volcaba en mamar, hacías una fuerza impresionante con todo el cuerpo. Yo inexperta total en las posturas me sujetaba el pecho y con el pulgar hacía un hueco para que te entrara aire por la nariz y tu me agarrabas con tal fuerza a los dedos de mi mano con tus manos que hasta los dedos se te quedaban blancos. Tu cuerpecito enano se agarrotaba y succionabas con una fuerza increíble, así estabas más de media hora, cuando quedabas rendido del esfuerzo y te quedabas dormido.

No entiendo como llegué hasta el día del parto sin tener conciencia de la lactancia materna, recuerdo que yo decía antes de que nacieras que quería darte el pecho si era posible... No se me pasó por la cabeza leer nada sobre lactancia, nada, yo que hasta para comprar una lavadora hago un estudio comparativo de 10 páginas y analizo pros y contras de todos los elementos a tener en cuenta. No lo sé, lo único que sé es que gracias a ti por ser tan perfecto y a la fuerza del instinto el milagro se hizo realidad.

La arrolladora fuerza de la naturaleza nos envolvió a los dos y nos sumió en un mundo diferente, en una dimensión íntima y animal, un mundo que al principio recuerdo como una borrachera de amor incontrolable. Todo esta borroso esos días en mis recuerdos, días de encierro en nuestra habitación, días de mirarte sin parar, de olerte y besarte miles de veces. Días de no querer ver a nadie. Días en los en buscaba el silencio y la paz, para poder estar contigo conectada completamente. Días de locura, de la locura más incontrolable y preciosa que he vivido nunca.
Recuerdo el momento exacto en que comenzó el torbellino, fue en el hospital, a las 24 horas de tu nacimiento aproximadamente. Había pasado el día bastante bien, tranquila. Recuerdo que me sentía como si tuviera un juguete nuevo, habíamos recibido muchas visitas durante todo el día y había habido mucho jaleo en la habitación. Tu habías estado mucho tiempo en el nido de la habitación, y mucho de ese tiempo habías estado despierto, sin llorar pero con los ojos bien abiertos.
Sobre las 10 de la noche empecé a sentirme muy intranquila, y en mi cabeza sólo había una idea, "Mi niño me necesita", empecé a repetir muchas veces "Mi niño está muy nervioso, mi niño no está bien, me necesita", la abuela María que estaba con nosotros me decía, Lidia el niño está bien, no te preocupes, que está bien", pero el instinto me decía que necesitabas que te cogiera, necesitabas estar en mis brazos, poder olerme, oírme, sentirte seguro y protegido. Fue entonces cuando te metí conmigo en la cama, estuviste mamando y te quedaste dormido sobre mi pecho, piel con piel, mientras estuviste en el pecho te estuve hablando bajito y cantándote, y cuando te quedaste dormido no quise soltarte en tu cunita, te quedaste conmigo en la cama, sobre mi barriga, con tu cabecita cerca del pecho, escuchando el corazón que te había acompañado durante 9 meses.
Todo lo hizo el instinto, las hormonas que han guiado desde entonces mis sentimiento y mis actos. Esas maravillosas hormonas que me siguen manteniendo loca, loca de amor. Ese invisible cordón umbilical que nos mantiene unidos, conectados, fusionados. Que refuerza cada día nuestro vinculo haciéndote crecer sano y feliz. Que se asegura de que todo marche bien, de que seamos felices.
Para terminar quiero dar las gracias a mi amiga María, que ha sido el mayor apoyo, por su comprensión, respeto, paciencia. Por ser un ejemplo, un modelo. Por su niña Candela, que nos llena de luz y calor de amor. Por el regalo que nos hizo, que ha sido para toda la vida.

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